Comentario/Competencias:
Fórmula 1, mi primera vez
Relato ingenuo de las experiencias de ir a ver una de las competencias más glamorosas del mundo motor.
De entrada tengo que confesarles que la cuestión deportiva no es lo mío. Bien, me gusta ver deportes por TV y tal vez leer algunas cosillas acerca de fútbol, tenis, artes marciales, rugby, atletismo y también automovilismo... aunque en este campo mis conocimientos no pueden considerarse sino precarios. De acuerdo, es mi culpa en parte, pero también pasa por el hecho de que como los chicos que cubren ese sector son medio celosos, normalmente no cubro esos temas.
Dicho esto, me siento con licencia para pasar por un ingenuo expectador del Gran Premio de Interlagos, al cual fui invitado gentilmente y a lo grande, por Fiat.
Sepa el lector que los brasileños no se toman esta carrera como si fueran a ver el ballet, sino con la misma pasión con que van a ver el fútbol o cuando bailan en tiempo de carnaval. Fíjese que para llegar con un tránsito relativamente despejado, la orden era salir del hotel a las 7 de la mañana. Ojo que la carrera es a las 14 horas. "Por el tránsito", dicen.
Y es más o menos cierto. Los 20 km entre el hotel y el autódromo los cubrimos en 40 minutos. Cuando ya pensaba que la van que llevaba a nuestro grupo estaba por parar en cualquier lado para seguir el resto del trecho a pie, en un par de vueltas entre el gentío que ya llegaba masivamente terminamos en un portón que mágicamente se abre frente al vehículo y ¡chum! entramos al autódromo como todo un vip.
Mejor, el vehículo nos dejó a los pies de la escalera de acceso a nuestra galería, toda elegante y alfombrada, protegida de las lluvias que se anunciaban para ese día y que abían molestado a los pilotos durante las clasificaciones.
Nos esperaba el cátering para el café da manhá (desayuno) y el regodeo para ver desde dónde veíamos mejor la pista, procurando que nos quedara a la vista al mismo tiempo las pantallas de TV y las que mostraban la telemetría básica. Luego, a esperar que pasara el rato.
A las 9 empezaron las preliminares. Una carrera de Fórmula 3, luego una Porsche Light y más tarde otra de Porches no tan light (eran todos GT3).
Poco antes de las 11 de la mañana, se forma un ligero tumulto entre los de nuestra galería, porque los invitados de Fiat estábamos entre los pocos -bueno, unos mil- sujetos que tenían acceso a los paddock. Yo, que no me había figurado que eso fuera posible fui sorprendido. Así, entre als 11 y las 12, recorrimos a nuestro antojo la zona de los pits, donde en segundos los equipos cambian neumáticos y echan combustible a los bólidos.
No había nadie conocido, o al menos yo no vi a nadie que conociera. Romina Canoni, de La Tercera, en cambio, dice que vio a Raikkonen (y que lo encontró pesado, agregó).
Camino de regreso a nuestra galería, pasé por las tiendas de merchandising. donde cosas como una gorra de Ferrari se avaluaba en 90 dólares. A quien le importe: no habían de Force India y no porque se hubieran acabado. Sí había un local con chucherías de Fernando Alonso, lo que me pareció un exceso para ser alguien que no termninaría la carrera.
Ya en la galería, el entusiasmo por la Fórmula 1 no me impidió ir a almorzar en nuestro bien atendido restaurante privado y mucho menos dormir una siesta.
Y en eso estaba, cuando empecé a entender por qué es que a la gente le gustan tanto estas carreras. Fue el ruido de los motores de los F1 en sus vueltas de recnocimiento las que me despertaron de mi siesta y de mi largo sueño de ignorancia en esta materia. No creo que alguien que haya escuchado ese ruido poderoso, violento e imponente deje de conmoverse. Esa primera experencia en vivo con los autos en la pista sólo sería oscurecida por el brillante sonido de los autos cuando parten ya en competencia. No tenía a la vista ese sector, pero no hacía falta: todo el autódromo supo que la carrera había comenzado... y los barrios vecinos, también.
El desarrollo y los resultados de la cerrera son anecdóticos y conocidos, así que me limito a unas impresiones finales:
1.- Es muy difícil seguir la carrera viendo sólo parte de la pista. Y eso que nuestra galería era provilegiada ya que dominábamos, calculo, un tercio de la longitud total del trazado.
2.- Los monitores de TV ayudan, pero no aclaran. Se ven otros detalles y las repeticiones, pero falta el relato.
3.- Las pantallas con la telemetría son difíciles de entender si no se es experto y, peor, no suman emoción a la percepción de la carrera. Muchos números, poca información.
4.- Si no prestas atención, la carrera termina antes de que te des cuenta... y luego tienes que ir a ver en la pantalla quién ganó.
miércoles, 21 de octubre de 2009
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excelente relato, es la experiencia que todo fans tuerca quiere vivir. escuchat la bulla y vivir el ferbor de estar en una fiesta automovilistica.
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